Pequeña reseña
Alemania es el país que llegó tarde a sí mismo: mientras Francia y España eran ya Estados únicos, el centro de Europa era un mosaico de cientos de principados, obispados y ciudades libres dentro de un Sacro Imperio que, como dijo Voltaire, no era ni sacro ni romano ni imperio. Cuando por fin se unificó en 1871, lo hizo con tal potencia industrial y militar que desordenó a Europa entera, y su siglo XX —dos guerras mundiales, el nazismo y el Holocausto, la división en dos Estados y la reunificación pacífica— es la historia central del continente. Hoy Alemania es la primera economía europea y la potencia que más ha aprendido, a la fuerza, de su propio pasado.
Cómo nació · En tres tiempos
Alemania y Francia nacen el mismo día: el Tratado de Verdún de 843, que partió el imperio de Carlomagno, creó en el este la Francia oriental, el reino germánico de Luis el Germánico. Los sajones, los francos, los bávaros y los suabios mantuvieron sus ducados, pero el rey Otón I —coronado en 936 y victorioso sobre los magiares en Lechfeld en 955— se hizo coronar emperador en Roma en 962 y fundó el Sacro Imperio Romano, una federación de territorios bajo un emperador elegido por los príncipes. Esa estructura duró ocho siglos: el emperador reinaba, pero los grandes señores gobernaban, y las ciudades —Lübeck, Hamburgo, Bremen— formaron la Hansa, una liga mercantil que dominó el Báltico.
Dos sacudidas partieron el mosaico: la Reforma de Martín Lutero en 1517, que dividió el imperio entre príncipes protestantes y católicos y provocó la Guerra de los Treinta Años; y el ascenso de Prusia, el reino militarizado de los Hohenzollern que bajo Federico el Grande (1740–1786) desafió a Austria y se convirtió en la otra potencia germana. El Sacro Imperio murió en 1806, barrido por Napoleón, y el nacionalismo alemán nació contra el invasor francés: los filósofos, los estudiantes y los liberales soñaron una Alemania unida y constitucional, que la revolución de 1848 —con su Parlamento de Fráncfort— no logró realizar. Los cincuenta Estados alemanes quedaron reducidos a 39 en la Confederación de 1815, y Prusia —con el Zollverein, la unión aduanera de 1834— fue tejiendo la unidad económica antes que la política: cuando la política llegó, el mapa económico ya era uno.
La unificación la hizo la sangre y el hierro, no el parlamento: Otto von Bismarck, canciller de Prusia desde 1862, ganó tres guerras calculadas —contra Dinamarca (1864), contra Austria (1866) y contra Francia (1870)— y el 18 de enero de 1871 los príncipes proclamaron en la Galería de los Espejos de Versalles al rey de Prusia Guillermo I como emperador de Alemania. El nuevo Imperio unía 25 Estados bajo hegemonía prusiana, sin Austria: la «pequeña Alemania». El nuevo Estado heredó el mosaico: Baviera conservó su propio ejército en tiempo de paz, Sajonia mantuvo a su rey y Hamburgo su puerto franco; la unidad era real, pero Alemania siguió siendo un país federal, como lo es hoy. Alemania nació como nación en 1871, tarde y desde arriba, y esa prisa por ocupar su «lugar bajo el sol» marcaría el medio siglo siguiente.
Las guerras que lo marcaron
La Guerra de los Treinta Años
La causa. La defenestración de Praga de 1618 —los protestantes bohemios arrojaron por la ventana a los gobernadores católicos del emperador— encendió una guerra de religión dentro del Sacro Imperio. Lo que empezó como rebelión bohemia se convirtió en guerra europea: Dinamarca, Suecia y Francia intervinieron contra los Habsburgo, y los ejércitos de mercenarios, pagados con el saqueo, vivieron del país durante treinta años.
El desenlace. Los tratados de Westfalia (1648), firmados en Münster y Osnabrück, pusieron fin a la guerra: confirmaron la soberanía de los más de trescientos Estados alemanes, reconocieron la independencia de las Provincias Unidas y de Suiza, y consagraron el principio de que cada Estado decide su política exterior. Alemania salió devastada: las estimaciones clásicas hablan de entre una quinta y una tercera parte de la población perdida por la guerra, el hambre y las epidemias.
La huella. Westfalia es el acta de nacimiento del orden internacional moderno: Estados soberanos e iguales, sin autoridad superior. Para Alemania, en cambio, la paz confirmó su fragmentación por dos siglos más y dejó una memoria de catástrofe —el «trauma de la guerra de los Treinta Años»— que la historiografía alemana cita hasta hoy.
Sin cruce directo en la casa por ahora.
Las guerras de unificación de Bismarck
La causa. Bismarck necesitaba anexionar los ducados daneses de Schleswig y Holstein, expulsar a Austria de la Confederación Germánica y atraer a los Estados del sur —Baviera, Wurtemberg, Baden, Hesse— a una guerra nacional contra Francia. Cada guerra se preparó diplomáticamente para aislar al enemigo: Dinamarca en 1864, Austria en 1866 y Francia en 1870, tras el telegrama de Ems.
El desenlace. La victoria sobre Austria en Königgrätz (Sadowa) en 1866 creó la Confederación Alemana del Norte bajo mando prusiano; la derrota de Francia en Sedán en 1870 arrastró a los Estados del sur a la guerra común, y en enero de 1871 se proclamó el Imperio alemán en Versalles, con Alsacia y Lorena anexionadas. En siete años, el mapa de Europa cambió para siempre.
La huella. La unificación «desde arriba» dejó a Alemania con unas instituciones autoritarias —el canciller respondía ante el emperador, no ante el Parlamento— y con una identidad nacional forjada en las victorias militares. La historiografía debate hasta hoy si ese «camino especial» alemán —el Sonderweg— explica lo que vino en 1933.
La última de estas guerras, contada desde la otra orilla, es la caída del Segundo Imperio francés y el nacimiento de la Tercera República.
La Primera Guerra Mundial
La causa. Alemania, unificada tarde y con un imperio colonial pequeño, buscaba su «lugar bajo el sol» en un mundo ya repartido entre Inglaterra y Francia. El asesinato de Sarajevo activó el sistema de alianzas: el káiser Guillermo II dio a Austria-Hungría un «cheque en blanco» contra Serbia, y el plan Schlieffen —derrotar a Francia por Bélgica antes de volverse contra Rusia— convirtió la crisis en guerra mundial.
El desenlace. El Marne detuvo la marcha sobre París en 1914 y el frente occidental se estancó en trincheras; en el este, Alemania venció a Rusia (Tannenberg, 1914) y firmó Brest-Litovsk en 1918. Pero el bloqueo naval británico ahogó la economía, la guerra submarina sin restricciones arrastró a Estados Unidos en 1917, y la ofensiva alemana de primavera de 1918 se agotó antes de que llegaran dos millones de estadounidenses. El 9 de noviembre se proclamó la república y el 11 se firmó el armisticio en Compiègne.
La huella. Alemania perdió la guerra sin ver combates en su suelo, y de ahí nació el mito de la «puñalada por la espalda»: el ejército, dijeron los nacionalistas, no fue vencido sino traicionado por socialistas y judíos. El tratado de Versalles de 1919 le quitó el 13 % del territorio, le impuso reparaciones y la «cláusula de culpabilidad de guerra», el artículo 231: la humillación que el nazismo explotaría durante veinte años.
La misma guerra, contada desde la otra orilla, es la victoria amarga de Francia y la prueba de fuego del Imperio británico.
La Segunda Guerra Mundial
La causa. Hitler, canciller desde 1933, buscaba el «espacio vital» en el Este y la venganza de Versalles: remilitarizó Renania (1936), anexionó Austria y los Sudetes (1938), desmembró Checoslovaquia y, tras el pacto con Stalin, invadió Polonia el 1 de septiembre de 1939. Inglaterra y Francia declararon la guerra dos días después.
El desenlace. La Blitzkrieg arrolló Polonia, Dinamarca, Noruega, Holanda, Bélgica y Francia en 1940; pero Inglaterra resistió, la invasión de la Unión Soviética (junio de 1941) abrió un frente inmenso y la entrada de Estados Unidos (diciembre de 1941) inclinó la balanza. Stalingrado (1943), El Alamein, el desembarco de Normandía (1944) y la pinza soviético-occidental cerraron el círculo: Hitler se suicidó el 30 de abril de 1945 y la rendición se firmó el 8 de mayo. Europa quedó en ruinas y dividida en dos bloques.
La huella. La guerra de Hitler fue también una guerra de exterminio: el Holocausto asesinó a seis millones de judíos europeos —según el consenso historiográfico—, además de millones de gitanos, prisioneros soviéticos, polacos, discapacitados y opositores. Alemania salió ocupada y partida en dos Estados durante cuarenta años, y la memoria del crimen —con los juicios de Núremberg y la cultura de la Vergangenheitsbewältigung, el enfrentamiento con el pasado— se convirtió en la base moral de la nueva Alemania.
La misma guerra, contada desde las otras orillas, es la caída de Francia de 1940 y la resistencia solitaria del Reino Unido.
Su historia política · En tres tiempos
El Imperio de 1871 era una potencia con pies autoritarios: Bismarck gobernaba con el emperador, perseguía a católicos (Kulturkampf) y a socialistas, y a la vez creaba el primer Estado de bienestar de Europa —seguros de enfermedad, accidente y vejez— para quitarle votos a la izquierda. Guillermo II despidió a Bismarck en 1890 y lanzó la Weltpolitik: flota de guerra, colonias y rivalidad con Inglaterra. La derrota de 1918 trajo la República de Weimar (1919), democrática y acosada: hiperinflación de 1923 —un dólar llegó a costar billones de marcos—, ocupación del Ruhr, y luego la Gran Depresión de 1929, que dejó seis millones de parados y entregó el país al extremismo.
El 30 de enero de 1933, Hitler fue nombrado canciller por los conservadores que creían poder controlarlo; en semanas, el incendio del Reichstag y la Ley Habilitante liquidaron la democracia, y en 1934 Hitler unió en su persona la jefatura del Estado y del gobierno. El Tercer Reich combinó consenso y terror: pleno empleo por el rearme, persecución de los judíos con las leyes de Núremberg (1935), la Gestapo y los campos. La Segunda Guerra Mundial dejó Alemania ocupada por cuatro potencias y dividida: en 1949 nacieron la República Federal (RFA), democrática y occidental, con capital en Bonn, y la República Democrática (RDA), comunista y soviética, con capital en Berlín Este. El Muro, levantado el 13 de agosto de 1961, selló la división con hormigón.
La RFA de Konrad Adenauer se ancló en Occidente —OTAN, Comunidad Europea— y vivió el «milagro económico» de Ludwig Erhard; Willy Brandt, canciller desde 1969, abrió la Ostpolitik, el acercamiento al Este, y se arrodilló en Varsovia en 1970 ante el monumento al gueto, en el gesto de reconciliación más recordado del siglo. La RDA se hundió en 1989: las manifestaciones de Leipzig, la caída del Muro el 9 de noviembre y, tras la negociación de Helmut Kohl con las potencias vencedoras, la reunificación el 3 de octubre de 1990. La Alemania reunificada, con capital otra vez en Berlín, se convirtió en la primera economía de Europa, lideró la crisis del euro y, con Angela Merkel (2005–2021), la primera mujer y la primera alemana del Este al frente del gobierno, encarnó la estabilidad del continente.
Hitos de su historia política
1517 · Lutero y la Reforma — Martín Lutero clava sus 95 tesis en Wittenberg y parte la cristiandad occidental: la Reforma divide el imperio alemán entre príncipes protestantes y católicos para siempre.
1648 · La paz de Westfalia — Los tratados de Münster y Osnabrück cierran la Guerra de los Treinta Años y consagran la soberanía de los Estados: el orden internacional moderno nace en suelo alemán.
1871 · La unificación en Versalles — Bismarck proclama el Imperio alemán en la Galería de los Espejos: 25 Estados se unen bajo el káiser prusiano y Europa gana una nueva potencia mayor.
1919 · La República de Weimar — Tras la derrota y la abdicación del káiser, la asamblea de Weimar dota a Alemania de su primera constitución democrática, con sufragio universal y derechos sociales.
1933 · Hitler llega al poder — El 30 de enero, Hitler es nombrado canciller: en meses, la Ley Habilitante y el terror liquidan la democracia y comienza el Tercer Reich.
1949 · Dos Alemanias — Nacen la República Federal, occidental y democrática, y la República Democrática, comunista: la división del país será el frente frío de Europa durante cuarenta años.
1961 · El Muro de Berlín — El 13 de agosto, la RDA levanta el Muro para frenar la huida de sus ciudadanos al Oeste: el símbolo más crudo de la Guerra Fría.
1989 · Cae el Muro — El 9 de noviembre, una multitud abre los pasos del Muro de Berlín sin que se dispare un tiro: el bloque comunista europeo se desmorona.
1990 · La reunificación — El 3 de octubre, la RDA se incorpora a la República Federal: Alemania vuelve a ser una, soberana y dentro de la OTAN y de la Comunidad Europea.
Personajes clave
— Orfebre de Maguncia que hacia 1450 perfeccionó la imprenta de tipos móviles en Europa: su Biblia de 42 líneas puso los libros —y con ellos la Reforma y la ciencia— al alcance de todos.
— Fraile agustino cuyas 95 tesis (1517) abrieron la Reforma protestante: tradujo la Biblia al alemán y partió la cristiandad occidental en dos.
— Rey de Prusia (1740–1786), el «rey filósofo» que tocaba la flauta, escribía en francés y convirtió a Prusia en gran potencia militar a fuerza de guerras contra Austria.
— Poeta, novelista y científico, autor del «Fausto» y de «Las penas del joven Werther»: la figura central de las letras alemanas y consejero del duque de Weimar.
— El «canciller de hierro» (1862–1890): unificó Alemania con tres guerras y luego aseguró la paz con una red de alianzas; creó el primer Estado de bienestar europeo.
— Dictador del Tercer Reich (1933–1945): llevó a Alemania y a Europa a la Segunda Guerra Mundial y al Holocausto, y se suicidó en su búnker de Berlín el 30 de abril de 1945.
— Primer canciller de la República Federal (1949–1963): ancló Alemania en Occidente, la reconciliación con Francia y la integración europea son su legado.
— Canciller (1969–1974) y premio Nobel de la Paz: su Ostpolitik abrió el Este, y su genuflexión en Varsovia en 1970 se convirtió en el símbolo de la Alemania que pedía perdón.
— Canciller de la reunificación (1982–1998): aprovechó 1989 para unir Alemania dentro de Europa y aceptó el euro como precio y garantía de la unión.
— Física criada en la RDA y canciller durante dieciséis años (2005–2021): la primera mujer al frente de Alemania, gestionó la crisis del euro y la de los refugiados de 2015.
Fuentes: Mary Fulbrook, Historia de Alemania · Hagen Schulze, Breve historia de Alemania · Christopher Clark, Iron Kingdom: The Rise and Downfall of Prussia · Christopher Clark, Los sonámbulos: cómo Europa fue a la guerra en 1914 · Richard Overy, The Origins of the Second World War · Ian Kershaw, Hitler (biografía) · Heinrich August Winkler, El largo camino hacia Occidente: historia alemana · Konrad H. Jarausch, After Hitler: Recivilizing Germans, 1945–1995 · Mary Fulbrook, A Concise History of Germany